La virtud del fragmento: Sobre aforismos y su valor formativo
Por Ricardo López Pérez & Martín Saavedra Campos
Este artículo trata del aforismo y a su manera adopta un registro aforístico. No cabe insistir en que se inscribe en el universo amplio y diverso del ensayo. El aforismo es un fragmento, un trozo independiente, que invariablemente y sin proponérselo, se vincula con una totalidad mayor. Es la expresión breve, a veces brevísima, de una idea o una toma de posición sobre asuntos de distinta naturaleza. Equivale a una forma de pensar. Un texto corto, cuya virtud no está en la descripción, sino en su capacidad de capturar la atención, desafiar y provocar. Se lo asocia con frecuencia con una sabiduría concentrada, a la mano, económica, disponible para cualquiera con disposición para un pequeño esfuerzo. Aforistas y aforismos abundan desde tiempos remotos, lo mismo que recopiladores, coleccionistas y divulgadores. Al margen de su brevedad, su condición formal más saliente, el aforismo adopta ropajes múltiples, ofreciendo oportunidades en distintos planos. En una de sus dimensiones, cuando consigue atraer al lector, posibilitando una contemplación, una reflexión y una crítica, una mirada sobre sí mismo y su mundo, adquiere un carácter formativo. Aun en términos muy parciales, dejando de lado aspectos de tipo informativo, su condición ornamental, su rol de acompañamiento y condimento; el aforismo se asocia con la búsqueda del sentido, la creación de una conciencia y el surgimiento de un pensar autónomo. Sin caer en exageraciones, atribuyéndole cualidades que lo sobrepasan, el propósito es delinear un lado menos reconocido del aforismo.
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